¿Carrera o Ocupación?

Entre los muy diversos problemas de los que adolece la educación en nuestro país, está la falta de enfoque en las metas del estudiante, y que para mi, resulta uno de los elementos más importantes no sólo para la definición de probable futuro académico, sino de la definición del plan de vida de un individuo, y para el país, por su repercusión en lo que se denomina la eficiencia terminal en las universidades e institutos de educación superior, y que supone la diferencia que se produce entre los alumnos que ingresan en una generación y los que concluyen las carreras profesionales o técnicas y luego contra los que se titulan.

Debemos reconocer que en los últimos años los diferentes niveles de gobierno han integrado programas de becas o ayudas económicas que apoyen a las familias y a los estudiantes en este esfuerzo, asunto que también se ha incluido en las escuelas privadas mediante diversos medios que van desde las becas hasta los sistemas de financiamiento educativo. Sin embargo el esfuerzo no parece dar los frutos esperados, el nivel de eficiencia terminal en las instituciones de educación superior sigue siendo muy bajo, y el reciente descubrimiento de una capa social denominada como “los ninis” (NI estudian, Ni trabajan) los que considerando un cálculo conservador, son una población integrada por unos 8 millones de personas, pone de manifiesto que existen otras razones, que reclaman la atención social para tratar de dar respuesta a este problema.

El catalogo de ocupaciones en el ámbito de la informalidad y los ingresos que estas ofrecen, en competencia con los trabajos formales que un profesionista puede conseguir y los sueldo que se ofrecen, hacen cada vez más claro a la sociedad, que la respuesta económica está equilibrando y en algunos casos resulta favorable a lo informal, porque no reclama el mismo nivel de responsabilidad de un profesionista y desde luego, no le agrega el ingrediente fiscal que ha todos nos molesta.

En Internet puede encontrarse, como algunos jóvenes preguntan a otros si la carrera que pretenden es la adecuada y obtienen respuestas que seguramente tienen la mejor voluntad, incluso contenidos orientadores que provienen de aquellos que la están o la estudiaron mostrando sus experiencias, que ciertamente abre campos de reflexión, convirtiéndose en elementos parciales para formar la decisión, pero que carecen de los otros complementos básicos para definir el proceso, y sobre todo, porque no contienen datos que señalen sobre la siguiente fase, la ocupacional.

En ese sentido en México hemos establecido como meta superior, lograr terminar una carrera, y hoy en día socialmente hemos ampliado el esquema, por lo tanto, debe agregarse a este proceso, una maestría y si es posible un doctorado.

Es aquí donde aparece la realidad vocacional, cuando los hechos nos exigen contar con algo más que los recursos educativos para lograr la integración al trabajo cotidiano. En ese sentido diversas empresas sobre todo en los Estados Unidos, han desarrollado evaluaciones de las personas que con base en; los estilos de pensamiento; los rasgos de comportamiento y; desde luego en los intereses vocacionales, el individuo puede obtener un resultado que le oriente en la decisión de su vocación educativa base, para posteriormente satisfacer el logro ocupacional, esta evaluación está basada en estándares internacionales ocupacionales, que describen funcionalmente el mundo del trabajo, que se pueden complementar con los catálogos ocupacionales y académicos  mexicanos, para ubicar la relación de estos con el requerimiento educativo previo, es decir con las carreras profesionales o técnicas que le son afines a la competencia ocupacional que describen estos instrumentos como los más deseables.

Conviene señalar que una buena evaluación (NO ES UN EXAMEN), debe describir las condiciones que reflejan las tres áreas descritas en el párrafo anterior, respecto del momento en el que la persona es evaluada, por lo tanto le permiten al Orientador, Coach o Mentor establecer condiciones para que el estudiante reconozca las habilidades y competencias necesarias para el logro de las metas u objetivos educativos y ocupacionales de su interés, es decir, si la intensión, el deseo, de cursar una carrera o lograr una ocupación, para la que las respuestas de la evaluación no señalan a las emocionalmente deseadas, entonces la persona podrá con apoyo de estos profesionales; primero reflexionar sobre lo auténtico de su intensión y; segundo sobre el establecimiento de un programa que basado en las observaciones que los reportes que la evaluación entregan, logre que la persona incorpore las habilidades y competencias necesarias para la obtención del objetivo.