Consultoría

Para una empresa, la buena elección de un consultor redundará además de crecimiento económico, en desarrollo organizacional que le permita a corto plazo resolver problemas o implantar planes y proyectos específicos de mejora y en un futuro cercano contar con una mejor cimentación y mayores fortalezas físicas y anímicas que le permitirán incrementar su nivel de competitividad.

Por supuesto, llegar a pensar en la elección y contratación de un consultor implica preliminarmente por parte de sus empresarios y directivos un proceso mental acerca de la necesidad real de obtener ayuda externa en áreas o temas específicos vitales para la empresa.

Cuando a una empresa le ha ido bien a través de los años en sus principales resultados de negocio: ventas, utilidades, participación de mercado, y se ha mantenido al ritmo de actualización tecnológica requerida para satisfacer las necesidades del mercado y de sus clientes, seguramente por su mente no pasa siquiera pensar en recurrir a un consultor que le ayude. Estos pensamientos son correctos bajo un enfoque de acción – reacción. ¿Por qué impermeabilizar si todavía no hay goteras?

Pero ¿qué pasaría si por otro lado estas mismas empresas estuvieran sintiendo en carne propia la recesión del mercado, la exigencia de los clientes, la agresividad de los competidores, el rápido desarrollo de la tecnología y el alto grado de vulnerabilidad de su empresa? Estarían reaccionando tal vez tardíamente a la contratación de un consultor. Así como una casa no se cae de vieja de la noche a la mañana, tampoco una empresa cierra sus puertas de un día para otro.

El proceso de obsolescencia viene ocurriendo lento e inexorablemente cuando sus dueños y administradores no ven el deterioro y no le dan el mantenimiento y la actualización necesarios a sus procesos administrativos y operativos. Gabriel García Márquez en su libro “Cien años de soledad” muestra como tarde o temprano la agonía y la muerte son inevitables cuando la desidia y los vicios se imponen a la razón y a la salud. Lo mismo les pasa a las empresas que piensan que las buenas épocas regresarán sin un cambio de actitud por parte de sus empresarios y directivos, y sin un esfuerzo adicional por actualizar sus conocimientos.

Sin embargo, del otro lado del espectro empresarial se hallan las empresas que siempre tienen el ánimo y el entusiasmo para seguir acelerando su progreso hasta límites que puedan seguir manejando adecuadamente. Estas empresas buscan mantenerse a la vanguardia de su industria, cambian, experimentan, se actualizan, se apasionan, motivan a sus clientes, a sus colaboradores, a sus accionistas. En consecuencia, sus resultados aunque ocasionalmente puedan ser regulares, saben que sus resultados son directamente proporcionales al talento y al esfuerzo humano allí invertidos.

 Estas empresas son proactivas mas que reactivas, su lema es “¡Antes que el niño se ahogue, tapamos el pozo!

En mi labor como consultor profesional en mi despacho de consultoría, nos hemos dedicado de tiempo completo a ayudar a las empresas a mejorar (o seguir mejorando en algunos casos) sus resultados de negocio, su posición competitiva y su nivel de competitividad, y he visto que la primera asesoría que requieren todas aquellas empresas que necesitan apoyo externo de un especialista es aprender a seleccionar y contratar al mejor consultor, al consultor capaz de entregarse en cuerpo y alma a la empresa para obtener los resultados deseados y requeridos por ella. Los empresarios y directivos deben aprender a contratar el mejor consultor y así sacar el mejor provecho de esta decisión. Aun cuando todos los consultores profesionales son buenos, enfatizo la importancia de elegir al mejor de todos esos buenos consultores. El mejor es el que se puede adaptar plenamente a las necesidades, estilo, filosofía y problemas de la empresa.

Firma Bloog