Cultivar Intereses Comunes

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Colaboración de Alfredo Esponda

En una plática reciente de un expositor de la Universidad de Harvard escuché acerca de una investigación realizada durante 75 años.  Consiste en darle  continuidad a la vida de 1500 personas, de las cuales el 50% son de la Universidad y el otro 50% son de los barrios bajos de la ciudad de Boston.

Las trayectorias de vida registran sus antecedentes, sus propósitos, sus anhelos y sus carreras con las realizaciones derivadas de ello. Por supuesto, la mezcla es sumamente variada, tanto de raza, como de estatus y características sociales.   Hasta un Presidente de los Estados Unidos, ex alumno de Harvard  forma parte de ese grupo.

El estudio  no se limitó al registro de las personas que iniciaron el grupo, continuaron con los hijos y  nietos.  Al principio,  en el rango de  edad de los 18 a los 25 años, casi todos, expresaban como sus metas la obtención de riqueza, fama, prestigio y solamente algunos de ellos anhelaban felicidad y armonía familiar.

Conforme pasaron  los años y los miembros del grupo de investigación se hicieron maduros, sus objetivos en la vida fueron cambiando hacia la felicidad en pareja y la integración de una familia.  Tener hijos sanos, felices y prósperos, se volvió la nueva prioridad. Años después, con la madurez avanzada, la meta fundamental para ellos comenzó a ser gozar de una buena vida, tranquila, rodeados de una familia saludable y amorosa.  Cobró un papel fundamental contar con  amigos leales y tener alrededor personas  a quienes amar y sentirse  amado por ellos.

header-bg2Con el paso del tiempo, algunos de ellos se volvieron famosos, otros hicieron fortuna, los pocos acabaron en situaciones difíciles. Como es natural, algunos se quedaron a medio camino, otros sobrepasan  los 90 años de edad. Una consecuencia esperada es que algunos manifestaban el haber vivido en la infelicidad, pocos de ellos se sentían verdaderamente desdichados.  Muchos, en cambio, se sentían contentos, satisfechos de la vida que tenían y varios de ellos manifiestan una profunda felicidad.

El hallazgo fundamental fue que ninguno de ellos asociaba la felicidad y la buena vida al dinero o a la obtención de fama, premios o reconocimientos públicos.  Esos anhelos que tuvieron en la juventud ya no eran parte de sus recuerdos.  Como todo estaba anotado en sus expedientes, a ellos les resultaba sorprendente que hubieran planteado semejantes aspiraciones  años antes.

De este modo, el estudio se plantea conclusiones que puedan ser útiles para ti y para mí.  ¿Qué es entonces la felicidad?  ¿En qué consiste gozar de una buena vida? ¿Cómo consigues vivir bien?

La investigación realizada con el seguimiento de 1500 personas a lo largo de su vida, de índole tan variada, concluyó que la esencia está en construir una red de relaciones familiares y amistosas que le den sustento a la vida.  Conseguir el consuelo y la palabra oportuna que brinda aliento y comprensión, sin espacio para la duda o la desconfianza. No dejarse atrapar por la soledad. Una parte fundamental de este propósito lo constituye el cultivo de intereses comunes.  Es lo que facilita el acercamiento y una conversación llena de afecto y comprensión.  Los buenos amigos son los parientes que nos  conseguimos mediante la identificación y el cultivo de estos intereses.

Las amenas y largas conversaciones entre amigos sólo pueden darse cuando se cultivan esos intereses comunes, es el cemento que pega duro entre dos personas.  Sean coincidencias por un deporte y mejor aún por un equipo, por una corriente literaria y  mejor aún el gusto por un autor, por la política, por la religión, por el arte o por cualquier cosa que los una, ya sea una canción, un libro  o una película. A veces, una relación amorosa que luce prometedora se rompe en virtud de que no  se cultivan intereses comunes. No basta el atractivo físico o intelectual, el “corazón tiene razones que la razón no comprende”, afirmaba Pascal, el científico francés. Esas razones que le dan fuerza al corazón van más allá de los sentidos de la vista, el tacto y el oído.  Son profundidades difíciles de explicar, pero que allí están, se hacen presentes de manera soterrada y discreta.

¡Qué tristeza! Es lamentable ver parejas con más de 20 años de matrimonio que se sientan en la mesa de algún restaurante y no platican entre sí. El whatsapp se vuelve el sustituto  perfecto.  En otros casos invitan a otra pareja, necesitan una tercería para sobrevivir. Peor aún, los casos de parejas con tan sólo dos o tres años de  casados, tan jóvenes y tan aislados, uno de otro.

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¡Qué alegría! Es motivo de gusto ver parejas que se comunican y platican entretenidamente sin necesitar a otros para estar juntos. Conozco una pareja, Leo y Blanca, que estando juntos todo el tiempo es conversación, risas y momentos de complacencia, él con 89 años  de edad, ella con 71, son un verdadero ejemplo de pareja feliz.

 

Las  personas que se aman se interiorizan el uno con el otro, a tal grado, que hay ocasiones en que no median palabras para comunicarse, basta una mirada, un gesto o un corto ademán. Son cómplices de la vida cotidiana.   Parados en cualquier parte siempre contemplan el mismo horizonte, sus sueños y aspiraciones se elevan hacia la misma estrella. Esas parejas no se quedan atrapados en la simbiosis,  la solidez de su unión se perfecciona al crear a su alrededor un círculo de amistades con las cuales comparten gustos, aficiones y emociones. Arman excursiones, asisten a eventos públicos, organizan cenas divertidas donde el intercambio de opiniones adereza el gusto de haber compartido eventos memorables.

Te invito a reflexionar, cultiva intereses comunes, construye tu red de relaciones afectuosas y crea la manera de hacerla cada vez más sólida y confiable, es el camino hacia tu felicidad, es la ruta a una vejez llena de placidez y satisfacciones profundas.

www.alfredoesponda.com

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER.  ¿ACASO ERES TÚ? ASEGÚRATE DE ESTAR CREANDO TU RED  DE RELACIONES ARMONIOSAS, ES LA BASE DE TU  FELICIDAD FUTURA.

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