Grupo y Equipo: Semejanzas y Diferencias

¿GRUPO O EQUIPO?

Si se considera con rigor, sólo pueden considerarse grupos aquellas agrupaciones o agrupamientos de personas donde sus miembros interactúan ‘cara-a-cara’ (también llamados grupos primarios).

Las principales variedades de grupos son:

  • Según su actividad.
  • Según sus relaciones internas y externas.
  • Según su apertura a los nuevos estilos de vida y de pensamiento.
  • Según su duración.
  • Según su estilo de liderazgo.
  • Según su relación.
  • Según la orientación básica de su actividad.

 

Es algo difícil precisar la diferencia entre ‘equipo’ y ‘grupo’.

Equipo: viene de equipar, que a su vez viene de esquipar, que se deriva de skipian, que significa navegar. Equipo, pues, lleva en sí la idea de tripulación, es decir, el grupo laboral funcional y bien organizado.

Grupo: viene del francés groupe y del italiano grupo, que a su vez, viene del antiguo germano kropf, con el significado original de bulto, buche.

De este modo las dos palabras se prestan para designar diversos grados de organización: el equipo es bastante organizado (piénsese en un equipo de fútbol); un grupo puede tener una textura más floja, frecuentemente con una fluctuación de miembros y sin una cohesión muy consolidada. En los extremos es muy obvio en los casos extremos, pero fuera de ahí la línea divisoria entre ambos puede ser bastante imprecisa. Todo equipo es grupo, pero no viceversa.

Está por demás decir que, si es posible y útil reducir los grupos a categorías, cada grupo y cada equipo son únicos, tan únicos como las personas que los forman, tan únicos como una huella digital.

LA DINÁMICA DE LOS GRUPOS.

Un grupo no es únicamente la suma de los individuos. Es algo más, es una entidad social que tiene una personalidad y características diferentes a las de cada uno de sus miembros.

Existen muchos estudios que han demostrado la influencia de los grupos sobre las personas. Los grupos pueden afectar de manera positiva o negativa a los individuos. Cuando el grupo tiene buena cohesión interna y otras características positivas, satisface las necesidades individuales tan importantes como la seguridad, a la afiliación, el afecto, el reconocimiento, el sentido de logro y la autoestima. Las personas en esta situación se sienten estimuladas a lograr mayores niveles de altruismo, lealtad y compromiso, se les provee de un ambiente propicio a la colaboración, lo cual provoca una sensación de bienestar.

Por el lado contrario, cuando en el grupo no existe una buena cohesión y, sobre todo, conciencia crítica acerca de su propia situación, a los individuos se les exige adaptarse a un común denominador a costa de su personalidad y con una incondicionalidad ciega. Así, el ambiente grupal fomenta el falso consenso en la toma de decisiones, crece la competencia y se generan conflictos interpersonales desembocan en ansiedad y frustración de las personas.

Siempre que interactúan varios seres humanos, se ponen en juego numerosas fuerzas psicológicas, como: simpatía, antipatía, dominio, sumisión, entusiasmo, indiferencia, rivalidad, solidaridad, amor, temor, frustración, agresividad, etc.

Las llamamos ‘fuerzas’ porque evidentemente tienen poder de actuar. Un grupo cambia de blanco a negro si hay entusiasmo y si no lo hay; si hay rivalidad y colaboración de todos con todos, etc. No se trata de un cierto número de fuerzas. No, todas las fuerzas interactúan creando sistemas o constelaciones dinámicas; verdaderos campos de fuerzas, análogos a los que estudia la física. El grupo no es simplemente la suma de las fuerzas individuales: como no actúan solas sino combinándose, sumándose o neutralizándose.

El sistema de fuerzas psíquicas que operan en la integración de varias personas es lo que se conoce como la dinámica de un grupo. Por ello está la siguiente analogía:

“Un grupo es un campo de fuerzas”.

Un factor que complica y dificulta el manejo de la dinámica grupal: las fuerzas psíquicas no son realidades plásticas que pueden verse o tocarse; deben inferirse a partir de indicios, que muchas veces son aislados y fragmentados.

Dos aspectos de los grupos nos ayudan a comprender lo que en ellos ocurre:

  1. La estructura. Es el aspecto estático del grupo. Podemos diagramarla, reflejarla en un papel, a veces en forma de organigrama. Refleja el aspecto formal, en el que puede observarse una jerarquía y cada nivel tiene sus funciones, etc.
  2. El proceso de socialización. Este es el aspecto dinámico del grupo y está en constante movimiento. Generalmente es más difícil de entender que la estructura, ya que involucra procesos de relación, confluencia de personalidades y momentos específicos de las personas que lo conforman. El proceso de socialización de un individuo en un grupo desde que es un extraño hasta su total inclusión atraviesa por varias fases:

Inclusión. Es la experiencia de inicio o presentación del individuo en el grupo. Quien entra a un grupo sufrirá el impacto de los hábitos y rutinas que prevalecen en él, del tipo de autoridad, normas y reglamentos, caracteres de los otros miembros, la tensión de todos –o sólo de algunos- hacia los objetivos y del clima psicológico resultante. Por otro lado, la persona que entra a formar parte de un grupo es portadora de un microcosmos en ebullición: llega con determinadas expectativas, temores, propósitos, motivaciones, algunas de las cuales son conscientes y otras inconscientes; pretenderá aportar al grupo algo de lo que él trae, y tal vez defenderse de ciertas amenazas, reales o imaginarias. Además, su percepción del medio grupal estará condicionada por sus necesidades, deseos, expectativas y en general por sus experiencias acumuladas en su vida.

En esta etapa necesita responderse a preguntas como:

  • ¿Quién soy yo para los demás?
  • ¿Qué hago yo aquí?
  • ¿Qué papel esperan que yo tenga aquí?

Control. En esta fase se define la capacidad, en términos del poder que tiene una persona para influir en la conducta de otros. Al impacto inicial de las preguntas anteriores, hay que añadir el de las condiciones materiales y físicas. Con todo esto, se creará una sutil dialéctica, un sistema dinámico oscilante, un “estira-y-afloja”, entre la agresividad y la ansiedad, el dominio y la sumisión, la dependencia, independencia e interdependencia, el poder y el amor, la autoridad y la intimidad.

En esta fase es donde se define el rol que juega la persona en el grupo, y las preguntas que constantemente se hace son, por ejemplo:

  • ¿Qué poder tengo aquí?
  • ¿Quién posee la autoridad y cómo la ejerce?
  • ¿En qué medida voy a conducir o ser conducido por otros? Y ¿Vale la pena estar aquí?

Aceptación. En esta fase se consolida un principio de unidad más o menos firme entre el individuo y el grupo. La motivación de afiliación está más presente y la persona se plantea preguntas como éstas:

  • ¿Qué significo yo para los otros?
  • ¿Qué tan cerca me siento de los demás?
  • ¿En qué medida satisface el grupo mis necesidades?

Las fases del proceso de socialización están directamente relacionadas con los procesos de comunicación. Si se rompe la comunicación, se desintegra el grupo. Por eso se dice que el grupo como tal, vale lo mismo que la comunicación. Es por ello que los equipos deportivos formados por puras ‘estrellas’ pero incoordinados y desintegrados, vale muy poco y no va a ninguna parte.

MOTIVACIÓN

La motivación proporciona una clave para comprender por qué un individuo responde a ciertos estímulos en su medio y no a otros. Toda conducta tiene su origen en los motivos, y estos a su vez están constituidos por los intereses, los deseos y las expectativas personales. Los motivos se producen también por las circunstancias y el ambiente que, en un espacio y un tiempo dados le tocan vivir a una persona.

Así pues, podemos afirmar que las personas actúan impulsadas por el imperativo de satisfacer ciertas necesidades que existen para cada uno en diferentes grados de intensidad.

El poder.

Las personas motivadas por una necesidad de poder están principalmente interesadas en controlar a los demás mientras persiguen sus propios fines.

Logro.

Esta motivación  caracteriza a las personas interesadas en el cumplimiento de tareas, excelencia profesional y solución racional de problemas. Su comportamiento tiende a ser eficiente y productivo.

Afiliación.

Esta motivación es la que lleva a un comportamiento más interpersonal. Se manifiesta por el deseo de pertenecer, por la calidad de la relación y la armonía social.

Basándose en la teoría de Mc Clelland, la doctora Jane Loevinger descubrió que el grado en que cada individuo siente mayor necesidad por cada motivación determina su madurez. Esta teoría llamada “de los niveles del ego” permite al dirigente identificar el modo en que puede favorecer el desarrollo del grupo y de cada individuo en el grupo que le corresponde dirigir.